jueves, 11 de marzo de 2010

Mi Náusea

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Pues, dormía muy incómodo la verdad, y cómo lo tenía muy claro; entonces evitaba dormir; el problema es que, por el contrario de andar siempre despierto, sucedió que nunca más me bajé de la cama. Es verdad, estaba despierto, pero en la cama. Ay, como me dolía la espalda. Y así era. Siempre echado en la cama. Al levantarme, nada me causaba sorpresa; daba igual levantarme a las 9:50 o a las 12:15. Y antes de bajarme de la cama, traigo a mi lecho, a la mujer de mis sueños… a las de mis pesadillas, a la de los recuerdos, en fin. Muchas mujeres. Luego recién despierto. Siempre me pincho los dedos. En el piso siempre hay cosas rotas. Camino fuera del dormitorio. Camino despacito mientras rápidamente exploro. No sé porque siempre hago esto, pues de igual modo; siempre –y todos los días- amanezco solo. Entonces, escaleras abajo. Como de costumbre meto la cabeza debajo del caño amarillo –del grifo amarillo, cerquita de la naturaleza; bueno al menos, cerca de mi único árbol, un almendro regado con tanto detergente cada semana, aunque claro siempre sin querer… Ummm bulla, quiero bulla; me encanta demasiado una canción que se llama Asesino; es de una banda californiana de alaridos latinos. Peligro Social se llama la banda. Luego de descuidarme un minuto escuchándola, aparecen ante mi cara, más caras, me echo pues gotas en los ojos. Salgo a ver las demás caras. Ah, es que ya es hora de comer. En realidad no tengo hambre, quiero estar echado nada más; pero igual como. Trago. Sin hambre. Uff qué lleno estoy, me lamento otra vez subido en la cama. Tanteo con mis manos para coger cualquier libro que haya en la cabecera. Cualquiera, ahora es La Náusea. ¿Buen nombre no? Bah, así se llama nada más. Prendo otro cigarrillo. Digo otro, porque ya antes otros cigarrillos se han consumido sin parar desde hace varios años atrás. Y leo. Leo en voz alta cuando no entiendo, así es mejor, además, es una forma de evitar un tanto, ciertas cosas que no se muy bien porqué, pero que estoy seguro, debo evitar: La clasificación de mi generación sólo en skaters (eskeiters) y rockeros, la publicidad, el control de la PC a la humanidad, los planes de diversión a los mismos lugares que “son para la diversión”, las mismas simplonadas, las mismas marcas registradas: Tommy Hifiger y antitranspirantes para hombres fuertes; las miradas de belleza y la superioridad. Busco evitar pensar que voy caminando mal; evitar las costumbres que no hablan de mi personalidad única. Evitar planear viendo la tevé. Y jamás compraré boletos para cruceros que usen la palabra felicidad. No, no voy a comprar. Tengo que alejarme usando mi mente. Cierro el libro que me absorbe. El techo vuela; ruedo al suelo mientras leo las paredes manchadas de sentimiento. Y voy sintiendo como sube y baja la presión en mi ojo derecho. Siento que salta. Suciedad. Siempre tengo a cuestas todo lo necesario para limpiar, escobas y agua de más. Prefiero dibujar. Rayar, hacer muñequitos, dibujar caras, y hacer listados de acciones buenas y también de las cosas malas; recordar el mar y cómo es que coloco las piernas a la hora de viajar. Siempre las estiro y trato de que la mitad del sol me caiga a la mitad. Ya luego sé que todo estará fresco; cierto, ya faltan pocos días para volver a viajar. Cambiar de canal, a otra sintonía, pero siempre en la misma tevé; en verdad la espero romper (la tevé). Despertaré. Y a caminar, volver a estar sentado, lo más calmado posible, esperando que vengan a mí nuevos relatos. Espero uno en especial. Uno que cuenta la historia de un anciano de barbas, un cuento de espadas. Es sólo Pop Art eh; no te vayas a asustar. Oscuridad. Mira, ha caído la noche ya. Cómo dije, cayó oscura, con un mismo eco de hace horas: las canciones que suenan, las canciones que no son bulla. Mi cintura quiere torcerse como lo hacen ciertos insectos. Pronto otra vez rodaré y subiré del suelo. Caminando como un insecto. En la cama envuelto en todo y en nada. Una línea, cocaína, y un nuevo disparo de vida, mentira; solo de sensación de energía, carcajadas de marinero. Jajajá. A temblar. Escucho que cantan que eras tú el que no creía en las despedidas. Mi cuello me fastidia, alguien me esta viendo, es la señorita rebeldía, o la flacosa señora llorona –señora muerte para mayor detalle. La bondad y la maldad no se sienten malas, no se sienten buenas. Gruñidos. Rabietas. Es genial cómo se enfurecen primero los perros, de a pocos. Hasta saliva espumosa por sus colmillos. Grrr Bramidos. Salto de los más altos pisos que no conocía y subo por lo más alto que se haya construido. Qué frío. Aquí en la penumbra, donde no sabes donde acaba tanta espesura. Tanta visión oscura. Te diré que es más allá. Tienes que esperar que tu cuerpo se despierte, ahí recién caerá al suelo, y podrá darse cuenta que ya está despierto, rodará y explorará el mundo en el que ha despertado. Y ahí recién podrás escapar, te podrá liberar. No, no te digo que estés en un sueño. Sólo tienes que estar quieto.
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duérmete niñx, duermete ya
que viene el cuco y te matará.
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