jueves, 11 de marzo de 2010

Lento

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Aprieto contra mis dedos las colillas de los últimos cigarrillos. Me he parado – caminando como un tonto- a asomarme al balcón de puntitas, y así poder ver mucho más allá de lo que alguna vez ya haya visto. Enciendo otro cigarrillo, el aire es tibio. No escucho el más mínimo ruido, excepto las canciones que suenan, pero son canciones, no ruido. Bocanada de humo para la ventana. Estoy delgado y me miro. Escucho un ronquido, pero suena muy bajito. Ha de ser el gato he pensado. Entonces es que pienso que hace mucho tiempo no me siento dormido, es más, tampoco me siento despierto. Estoy en un estado intermedio que, ahora también pienso, da la sensación de que en el ambiente se respira un aire enfermo. Debo mejorar mi sueño, sí, eso debo hacer, así que ya lo anoté en una agenda. Carajo. Otra vez hay alas de lechuzas. Felizmente no creo en supersticiones. Me río al imaginar si alguien de la casa viera esto. Mala suerte dirían. Es una molestia tener que limpiar. No lo haré. Tengo que afeitarme. Y debo dejar de morderme este labio cada vez que intento traer algún recuerdo. Sí! Era el gato el de los ronquidos, pienso que para durmiendo. Bueno debo seguir perdiéndome en mi cerebro. Haber, escojo la ruta de intenciones de cambio y de pasados recuerdos. Moscas. Odio las moscas; y más cuando hay calor. Es terrible, se siente la podredumbre. Bah… Tal vez, sólo son las lechuzas muertas… Va cayendo otra hora, pronto a oscuras. Y pienso en cómo he perdido tanto tiempo. Mis parietales, no los siento.
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