Playa Pimetel. Mediodía. 
Como balanzas atravezadas sobre sus espaldas, cuelgan cestos, llevan pescado; de esos salados y de cabezas feas. En caballitos de totora, veloces junto al viento. Viejos pescadores y niños sin temores; embarcaciones de otrora. El mar es inmenso; a lo lejos barcos gigantescos. Lejos, lejos; y yo chiquito y de fríos huesos. Miro solito desde un punto desde donde el fondo del mar jamás me podría captar. Fresco. Allá, allá.
Comidas calientes en la arena // 01-09-09
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