Cuando no tuve donde ir.
Giorgio me contactó con un tipo en Trujillo, jamás antes lo había visto. Pero no tenía opciones ni alternativas. Sin tener a donde ir ni ideas como sobrevivir... Hacía frío y no habían conocidos. Fui a buscarle, las noches cuando andas solo, en ciudaddes que no conoces te da miedo. Al menos para mí es fácil tener miedo. Temo asustarme. No importa morir, pero asustarme no quiero. Tenía hambre y los botines apretaban. Al costado de un mercado de noche, llego el tipo. Con aretes en la boca y muy perfumadito. Parecía confiable. Me abrazo. Dijo que me conocía. Yo no a él. Había escuchado cuando vivía en Piura la banda que tenía con Toño. Ahora el vivía en un cuarto en Trujillo. Me lo ofreció: "No es mucho, pero puedes quedarte. Te apoyaré". Fue raro. Un desconocido dándote todo. Fuimos a comer (yo comí) hasta hasta reventar. Chaufa. Cebada. Carne. Papas. Más cebadas. Ahora llevaremos las cosas al cuarto. El inmeso maletín en mi cuello y hombros. No deje que me ayudase, pensé que sería demasiada "conchudez" como decimos acá. Llegamos al cuarto, dormimos juntos. Se hizo mi amigo. Hablaba de bulla y de conciertos. Hablaba de estar contento de darme comodidad. Se desvivía por agradarme. Buen tipo. Al día siguiente nos levantamos temprano. Yo me fui a vagar por el centro. Veía turistas de Pakistan que rezaban orientados hacia la Meca. Pakkk!stán!!! me decía un barbón gordo y de túnica. Tenía dinero y rostro amable. Árabes vistando el tercer mundo. Aunque su mundo también está igual de jodido. Por las tardes, cuando me cansaba de vagar y de comer (siempre me las ingeniaba) volvía a buscar a Markos, el buen tipo. Él trabajaba casi todo el día en una panadería, hacía y decoraba tortas junto con su hermano. Cientos de tortas los fines de semana. Incluso estos días se encerraban en las madrugadas. Empezaban turno a las 6pm y salían a las 7:00 am. Toda la madrugada entre colorantes, dibujos de fiestas infantiles y decenas de balones de ganas cerca de nuestras caras. El calor y el olor a vainilla eran insoportables para mí en los primeros días, luego no paraba de llenarme la boca con queques y más queques. Me daban comida, les agradecía emocionado. Estuve viviendo con Markos y compartiendo días con su hermano durante tres o cuatro días. Vagando y pensando si estaría bueno volver a casa. Pero ya no tendría tanta suerte de llegar cómodo como quería a Piura. ¿O sí?.
.
Una tarde mientras seguía mirando las tortas calientes y papeles de matenca para que no se pegasen los queques, recibimos una llamada. Curiosamente era para mí. No sabía como era posible. "Oye mierda, estoy en Chiclayo, esperame en la Catedral de Trujilloa las 9:00pm". No lo creía. Me apreté lo más que pude los botines y me senté orgulloso a esperar en la plaza de armas, iluminada y para mi terrorífica. Miraba a la catedral, escondido. Esperando. Y llegço con su maletíncito. Silbé, casi lloré (y por buena razón). Él volteó la cara y también río. Corrió y nos abrazamos. Pantalones a cuadros y con sus botienes mas feos que los míos, pero juntos eramos tan bonitos. Abrazados más tiempo de lo que pensamos. Me riñó y me jaló los pelos. Yo aguanté: "Cagada casi me he muerto acá, felizmente que viniste. En verdad estás acá". Nos sentamos y cruzamos las piernas. La fama de dos sí puede ayudar; después de todo somos Giorgio y yo. Hay que esperar.
.
En una hora se nos acercó un muchacho que dijo que podía llevarnos donde "la gente" de Trujillo(*). Fuimos tras él. Conocimos a un tatuador y a un hombre largo y palido con dragones verdes en la garganta. Fuimos por alcohol. Mucho Alcohol. Ese día bebimos demasiado en una plazuela muy diversa. Incluso en nuestra ebriedad y con hambre. Giorgio y yo fuimos donde un grupo cristiano que estaba preparando unas comidas. Le pedimos de buena gana y comimos también; los demás seguían emborrachándose. Volvimos con todos. Las horas pasaron. Y mi cabeza no respondío más. Ebriedad. Cuando me dí cuenta; Piernas sangraba de la cara y se iba a golpes con otro pata. Los traté de separar y Giorgio me trató de mala gana. "Oe webón mira como me ha dejado la cara." Siempre con un humor ácido traté de remediar las cosas. "No se nota. Además, hay máscaras". Giorgio se había caído entre los empujones que nos dabamos entre todos mientras cantabamos desaforadamente. Los cristianos nos miraban. Estoy seguro que hubiéramos podido quitarles toda su comida (y hasta más). En un rato agarraba a golpes (empujones y cachetadas) a una mujer, una amiga "de cama". Nadie se metió. Fue tensísimo. En realidad no lo fue, estaba demsiado perdido. Todos lo estabamos. Toda la gente de Trujillo se fue para dejarnos que arreglemos las cosas ella y yo. Giorgio se quedó. Al final la mujer corrió y me senté. Giorgio se me acercó y nos golpeamos. Me tiró al suelo y me pisó. Lo empujé y traté de golpearle la cara ensangrentada. Nos revolcamos solos en el piso. Ya todos se habían ido. Sólo los cristianos cada vez más aterrorizados nos miraban. Seguíamos mentandonos a la madre y sangrando. Y nos asustamos. "Oe piernitas, espera; vamos, nos estamos quedando solos". Él dijo: "Cierto, párate mierda" (Y dejó de pisarme y yo de buscar sacarle más sangre). Fuimos detrás del resto. Nunca los hallamos. Ya fue. Vamos caminando. Llorando pero abrazados. Por Aleja, por mujeres buenas. O por las que llaman perras. Sólo vayámonos caminando. Ya no estoy solo y tú tampoc lo estás. Cantando. Ya pasará. Y volvimos en un carro lujoso a Piura. Un carro de un hombre que nos llevo. Un carro con una biblia roja y manchada por tantas manos. Acabó. Despertar otra vez en la ciudad. Te quiero Hermano.
.
(*) Escena Dizque Punx.
Julio 07
No hay comentarios:
Publicar un comentario