Ojos que no ven, corazón que no siente.
Son las 11:30 de la mañana. Me he levantado hace algo más de media hora con el deseo (y la necesidad personal) de escribir sobre algo en especial. Algo que habla de la vida real de millones de personas y que afecta su existencia. Hablo sobre ¿Qué tan manipulados crecemos? ¿Ya estamos como “aptos” para el mundo? ¿Aprendimos ciegamente a aceptar quiénes eran (y hasta ahora) son los buenos? ¿Ya “protestamos” y “luchamos” contra lo que es “malo”? ¿Y acaso también, ser reaccionarios es algo aprendido? ¿Sí, somos rebeldes, pero sólo hasta cierto level?... Parece que así es. Parece que hasta la palabra protesta vino dentro de las lecciones de nuestro “aprendizaje y crecimiento”; adiestramiento.
Un perro sedado a punto de ser sacrificado, fue “la noticia” de la semana. Una mujer indignada - y con filmadora en mano – rescataba a Tomás (el perro en mención) cuando unos estudiantes de medicina estaban a punto de sacrificarlo (como parte de sus prácticas y ensayos) en las instalaciones del Hospital Loayza de Lima. A los pocos días, la Universidad Mayor de San Marcos (UNMSM) difundía un comunicado explicando (y recordándonos) que éstas prácticas son “necesarias” y científicamente justificables; defendían además a sus estudiantes y así mismo negaban que se dedicaran a robar perros. Al parecer lo único que falló en esta historia, fue que el bendito perro sí tuviera un dueño. La prensa ha cubierto el hecho y lo ha satanizado como “salvajismo y brutalidad contra tan indefensos seres”. Ahora todo el mundo “defiende a los pobres animalitos – perros, gatos, canarios o todo lo que se mueva”. En la tevé caras conocidas dan discursos proteccionistas y de indignación por tamaño salvajismo. Y en la atmósfera se respira un aire de unión nacional y de concientización frente al buen trato para con nuestros pequeños y no tan pequeños amigos, los animales. Todos estamos unidos en la campaña ésta. Esto lo que llamamos “luchar contra algo malo”, y es que así nos enseñaron que debía ser. Pues nos impusieron también, qué causas debíamos o no defender. Y por el "perrito" sí debemos protestar. Así debe ser y ya. Nadie piensa más allá. Sufrimos por aquello que nos enseñaron debía hacernos sufrir. No cuestionamos jamás nada de lo que ya damos por sentado que es malo: Amo a mi gato, pero me como a mis gallos; creo en la igualdad pero odio a los "maricones"; vivo libre pero rezándole a los santos; lloro por los niños hambrientos pero "gracias a dios" que están lejos... Hoy es el día de defender a Tomás, "el perrito idefenso".
¿Y que hay de los cigarrillos y los productos de belleza que nos enseñaron que debíamos comprarlos? ¿Acaso éstos productos los experimentan con humanos? ¿Y qué hay de los circos y demás espectáculos con animales encerrados, incluyendo a las corridas de toros? ¿Y qué hay de los zoológicos, que no son más que jaulas enfermas y tristes? ¿Y que hay de tu calzado; acaso no es de un animal muerto? ¿Y la moda glamorosa que anhelamos poseer, que nos abriga con refinadas pieles? ¿Y qué hay del plato del que vas a comer, estará en su punto la carne? ¿Y las pollerías y hamburgueserías?... ¿Y qué pasa con las demás cosas que les robamos a los animales y que las aceptamos como buenas; Leche, huevos, miel? ¿Y qué hay del ave cantora que alegra tus mañanas con su canto y los peces de colores que adornan tu cuarto - dormitorio? ¿Qué hay de todo esto? ¿Qué hay pues; dónde está la defensa y el amor para los “pobres animales”?. Pues una burda hipocresía más. Otra farsa más. Además; después de todo, dentro de un tiempo esta noticia ya pasará.
(Pedro K.)
¿Qué maten al perro? Me da Igual.
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