domingo, 28 de febrero de 2010

La Pensión de la señora Penélope

Las cosas que allá hay. . .
Despertarse tempranito; cada mañana: toneladas de polvo amanecen por la terraza… Desayunos calientes; voy vaciando en platitos. ¡Cómo quema la taza! Sanduiches junto a ella, a la taza. Siete de la mañana. Hay días que suelen ser de nostalgia, esos son los viernes y para contrarrestarlos me envían sentimientos envueltos en cajas. Animales… el perro ladrando; una tortuga y una lora. La Lora habla sola. ¿Cómo te llamas? Pua! Pua! ¿Cómo te llamas? La lora habla sola. Silencios, muchos silencios. Las cinco de la tarde es una mala hora. Es oscuro, no sé porqué cuando estoy allá no me gusta esa hora. Para la madrugada - para estar despierto: hamburguesas y gaseosas. Cigarros verdes en un escritorio madero lleno de papeleos. Sentado no duermo. Tiendas de materiales; avenidas Bolognesi, Grau y Balta. Galerías “La Plazuela”. Combis frescas por Electra. Soy un desconocido, mueca perfecta. Tortas amarillas con ceviches, restaurantes con insignias universitarias y llamadas a todos los celulares, un minuto a una quina. Duchas heladas y un poquito más de frío. Karen y Diana comparten conmigo la pensión, los días. Por ratitos las veo, son graciosas... Las Calles; La Purísima, La Victoria, Pimentel, Estadio de la ciudad, José Leonardo Ortiz... Para conseguir algo que liar, hay que pagar más: marihuana. Chiclayanos, Chiclayanas. A los “bares” les digan bares, les dicen “los vinos”. Policía montada después de los partidos. Pasión por el fútbol, hinchas con la Jota y la A pintadas en la cara. Chinguirito y tortilla de raya. Cervezas. Hasta la llegada del final. Sentado sin trapos en la terraza, fumándome el olvido, hilvanando cuentos que luego pudo asociarlos de un modo bonito. Hacer historias que den miedo por parecer que todo lo contado es cierto. Ronquidos tras las carcajadas de un estribillo. Sex Pistols. El aullido. Motley Crue. Motli criú.
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