Fue el viernes más cansado que recuerde. En la noche, mis piernas estaban duras y llevaba horas con el mismo dolor punzante en el estómago. Al mediodía -después de años- había hecho obligadamente deporte. Había llegado a los límites de mi resistencia. Dolor.
Traté de minimizar las circunstancias y en la noche fría salí del despintado cuarto donde paso el tiempo. Fui a buscar a mis amigos. No les veía hace mucho y no quería que pensaran que me estaba escondiendo. Caminé (el dolor punzante en mi estómago seguía lastimándome)… Miré (las calles estaban vacías)… Llegué.
La plaza de los amigos estaba vacía. No tenía a nadie. Me sentí un poco mal y solo; hacía frío, no había, no tenía a nadie. Tenía cigarros y no había cerillos. Estaba sentado mirando la nada, sentado en la desierta plaza de bancas heladas.
Caminé y reabrí mis ojos. “No es bueno estar pensando cosas q no me llevan a nada”, salí de mis propios pensamientos y me fui. Pronto sería la medianoche y acabaría este día. “Después de todo, no me puedo quejar, hay gente que la esta pasando peor”.
Ese día moría Mario Benedetti.
Nueves días después… Hoy lo supe.
No hay comentarios:
Publicar un comentario