Y lo tuvimos: Nuestro efímero auge de contracultura, amor por el alcohol, unión y celebración. Vivíamos “la revolushion” como siempre nos cantaron los Adicts desde el 78 creo. Por esos tiempos disfrutábamos hasta donde podíamos. Habíamos convertido nuestras vidas en una serie de alternativas muy diferentes respecto a los demás (“la gente normal”) Consideramos que había llegado nuestro carnaval. Y la idea siempre estuvo clara: Era un carnaval siempre con exceso de mierda. De lo que siempre quisimos dar: Mierda de verdad. Pasaron cientos de noches de excesos y autodestrucción. Aunque también vimos llegar bonitas tardes amarillas de conversación donde nos juntábamos para tratar de seguir creyendo en la idea de protestar, en dar la contra. En ser un "Anti lo que sea". Queríamos seguir procurando la abolición de todas las identidades y los sectarismos. Abolir todo aquello que buscaba ubicar nuestras mentes y cuerpos, todo aquello que buscaba tenernos señalados por especies: rojos, punks, rockeros, rock-stars o también los niños tontos. Nos tenían bastante identificados desde afuera, pero pocos nos sentíamos verdaderamente identificados entre nosotros mismos -los que estábamos dentro. Sin embargo -y también sin darnos cuenta- algo había crecido muy rápido. Y surgió desde donde siempre había girado todo, desde adentro. Había nacido un germen y creció como lo decían los folletos aparecidos desde siempre -desde los setentas londinenses. Un germen que se multiplicaría como plaga por donde debía y quería hacerlo, infectando y ensombreciendo cada una de las calles... Un germen que por segundos breves parecía ya “Una idea”, un mismo sentimiento. Pero estábamos tan alcoholizados y con tanto sueño que muchas veces no lográbamos saber que estaba sucediendo alrededor, no estábamos seguros que era lo que estaba pasando, ni tampoco sabíamos hacia donde iría todo lo que estábamos viviendo de un modo tan intenso. Había quienes incluso llegamos a creer que se podía vivir entre sueños. Entre los putos feos sueños que no nos vendía el sistema. Vivir de la forma que sea, siempre y cuando no vendiéramos nuestras vidas a cambio de supervivencia en un mundo de mierda. Y así los días fueron avanzando. Mientras que en el mundo se corría una misma voz como susurro: "Había que eliminar esa idea absurda que estaba creciendo entre los jóvenes-entre nuestros muchachos "Los Chicos del No futuro". Pero al final, la mayoría de cosas cayeron por su propio peso. Nosotros mientras tanto, seguíamos pasando los días y aún podíamos sentir esa misma atmósfera diferente que algún día apareció en el inicio de los días: Una atmósfera diferente.
Para cuando los días acabaron para siempre, nunca nos habíamos dado cuenta de lo que habíamos logrado -y ya no adentro- sino lo que se había originado allá afuera, donde nuestras sombras de pronto se convirtieron en enfermedad y poco a poco una infección a todo motor consumía con placer y morbo todo tipo de moral y calma. Aparecieron los dolores de cabeza y la preocupación: la ciudad caliente había empezado a ennegrecerse.
“Recuerdos de la Piura que explotó. Punk del 07”
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