De todo lo que aprendí, lo mejor fue amarte con emoción. Oh! Motor de mis días, mi alegre revolución. Niña coqueta con ojos de amor. Aprendí a buscarte y a llamarte cuando había desolación -y también- cuando en esos días me causé dolor... En lo bonito de un momento o en lo doloroso de otra situación: siempre estuviste a mi lado para acompañarme. Siempre renovando el día a día, siempre tan linda. Siempre tú, mi amada revolución.
Y es que, la nostalgia no existe cuando pienso en que te irás. No sucederá. Tampoco me quejo por que seas causa también de alguno de mis cansancios o de mi falta de respiración. Tampoco hay problema por esto mi alegre revolución. Y mientras camino hacia un desconocido final, tú también estás aprendiendo a caminar, y siento al respirar que nunca te irás.
Y el día que venga la muerte -sucia y violenta- también me acompañarás, y estarás conmigo en el último día de felicidad. Y cuando vea que estás acá, te reirás de mí y yo de ti, y brindaremos por que siempre tuvimos un mismo rostro. Siempre tuvimos una misma cara que aprendimos a usar... Tienes que estar para que perdamos todas las oportunidades y todos los caminos una vez más. Para inventar motivos que nos hagan destruir todo, o para pensar que ya es tiempo de olvidar.
Tienes que estar para que me puedas perdonar por todo aquello que he causado y he dañado, y para saber que puedo cometer los mismos otra vez. Para avanzar hasta un final y no me importe que haya después. Tienes que estar y lo harás.
...Y morirás -en el último momento de todos- con el mismo rostro con el que muera yo.
Libertad.
No hay comentarios:
Publicar un comentario