“Siempre nos enseñaron que éramos un país dentro de los más pobres. Azotados por la violencia interna y por el terrorismo. Gobernados por buitres asquerosos y con una clase política falsa. Nos aclararon que éramos una tierra que se desangraba de dolor en sus profundidades. Allá donde el olvido mataba el corazón. Pero no mataba la rabia”.
Pero detrás de toda miseria y dolor aprendidos en la escuela, hay un lazo invisible que une a estas tierras de paisajes exóticos y climas extremos: El lazo de compartir la miseria de una misma tierra, y sobre todo; compartir la resistencia de una misma idea. Resistir mil veces. Resistir y resistir... Caer y otra vez levantarte. Ponerse de pie para mostrar la cara rabiosa y salvaje. Mostrar la raza, el coraje. Levantarse para que otra vez la Sudamérica se escuche gritar. Gritar y pelear por cambiar esas historias de escuela. Gritar por cambiar 500 años de sombras, 500 años de derrotas.
Pero se sigue mirando adelante.
Sabemos que no podemos cambiar la historia. Pero ya no olvidamos nunca quienes son nuestros deudores…
No podremos anhelar un bello futuro, pero lo que sí sabemos es que pelearemos por este día. Pelearemos porque ya no sea tan oscuro.
Con esa misma sangre rabiosa y salvaje. Amada naturaleza
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