- Canalla, baja aquí, a mi fosa. ¿No estás cansado de vigilar desde arriba? ¿No ves que te pierdes la mitad del espectáculo por culpa de la poca luz que hay en este hoyo?
-¡Cállese, o será castigado severamente! - dice el guardián.
- ¡Ja, ja! ¡Deja que me ría, so imbécil! ¿Cómo puedes encontrar algo más cruel que este silencio? Castígame todo cuanto quieras, pégame, si te apetece, horrible verdugo, pero nunca encontrarás nada comparable con el silencio en el que me obligas a estar. ¡No, no, no! ¡No quiero, no quiero seguir sin hablar! Cochino imbécil, hace ya tres años que debía de haberte dicho: ¡mierda! ¡Y he sido lo bastante estúpido para esperar treinta y seis meses en gritarte mi asco por miedo de un castigo! ¡Mi asco por tí, y todos los de tu calaña, podridos esbirros!
Algunos instantes después, la puerta se abre y oigo:
- ¡No, así no! ¡Ponédsela al revés, es mucho más eficaz!
Y el pobre tipo que chilla:
- ¡Ponla como quieras, tu camisa de fuerza, podrido! Al revés, si quieres, estréchala hasta ahogarme, tira fuerte con tus rodillas de los cordones. ¡Eso no me impedirá decirte que tu madre es una marrana y que por eso no puedes ser más que un montón de basura!
Deben de haberlo amordazado, pues ya no oigo nada más. La puerta ha sido cerrada de nuevo. Esa escena, al parecer ha conmovido al joven guardián, puesto que, al cabo de unos minutos, se para delante de mi celda y dice:
- Debe de haberse vuelto loco.
- ¿Usted cree? Sin embargo, todo lo que ha dicho es muy sensato.
El guardián se queda de piedra, y me suelta, marchándose:
- Vaya, ¡ésta me la apunto!
Henri Charriere -Papillon // Leer es Avanzar
No hay comentarios:
Publicar un comentario