Y nadie quiso mojarse
Ha llegado la lluvia cubriendo de frío las noches de tantas ciudades... Nos ha encontrado empapados, sentados en parques desiertos, reposando entre agua y un poco de barro.
Una pequeña luz ardiente se resiste a ser prendida, pues bajo la lluvia contenta, el fuego no cobra vida. Risas excitadas. Qué bien! Qué bien!
Aquí está la soledad expresada en mojadas calzadas. Nadie en la calle, nadie con tibio aliento. Somos sombras vecinas del río, caminando solos sin esconderse del frío. No hay nadie en la calle. Pero aquí estoy otra vez conmigo.
...Y Piura, la calurosa, se mojó. Luego de haber comido tantos panecillos con tanta quinua caliente.
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