domingo, 4 de enero de 2009

Kolumna Okupa

Gaza
Una tierra lejana se tiñe de sangre y a muchos nos hace recordar tiempos en los que el dolor y la desesperanza no eran ajenos. Por Rocío Silva Santisteban
¿Qué sabes de Gaza, desocupado lector?, ¿qué información tienes sobre las cuatro hermanas, entre 12 y 17 años, que murieron la otra noche durmiendo, resaqueada lectora?, ¿quién se acordó de esos islotes de tierra y los otros territorios de Cisjordania que sumados se llaman Palestina mientras saboreaban el cebichito del día siguiente? Desde Limamanta Pacha la Franja de Gaza es algo exótico, violento, inentendible, lejano. Pero cuando uno ve las fotos de los edificios destrozados tan similares a los de la Residencial San Felipe, o las personas deambulando en las calles por temor a regresar a sus bombardeadas casas, o la incertidumbre en los ojos de los niños idéntica a esa mirada atormentada de los niños ayacuchanos o limeños ante el terror de la muerte, no deja de tocarnos en algo esas historias del otro lado del mundo porque no podemos estar lejos del resto de lo que llamamos “humanidad”. “Porque yo estoy expuesto cada día/ a órdenes de arresto/ y mi casa está expuesta/ a las visitas policíacas/ a las pesquisas/ de la “operación limpieza”/ porque me encuentro en la imposibilidad/ de comprar papel/ grabaré todo lo que me sucede/ grabaré todos mis secretos/ en un olivo del patio de mi casa…” No soy experta en periodismo internacional, yo también estoy despistada, he tenido que ir y releer las mismas historias para volver a entender un asunto internacional ultra-complicado, y a pesar de las confusas noticias de ambos lados, lo que queda en claro es que son los gobernantes, tanto de Israel como la autoridad palestina como los de Hamás en Gaza, que están exponiendo a miles de personas al fuego más devastador de una guerra que ya dura cuarenta años. En realidad el episodio ha comenzado a principios de enero del 2008 con los proyectiles Al Kassam lanzados por Hamás y la sobre-reacción israelí que casi provoca una crisis humanitaria al desconectar la energía eléctrica en Gaza y la imposibilidad de obtención de alimentos. Luego Israel programó su “operación plomo fundido” iniciada el 27 de diciembre y la reacción de Hamás ha sido convocar a una nueva Intifada y a que continúen los ataques suicidas. Odio que se paga con odio, venganza con venganza, fuego con más fuego. Mientras tanto los gobernantes del mundo siguen mirando la escena. “… grabaré el número de cada caballería despojada/ grabaré el emplazamiento de mi aldea, sus límites/ las casas dinamitadas/ mis árboles arrancados/ los hombres de los que se han regodeado/ en descomponer mis nervios y mis hálitos/ los nombres de todas las prisiones/ las marcas de todas las esposas cerradas en mis puños…” Pasan el año y comenzamos con noticias que siguen siendo las mismas: antes los niños muertos en Bagdad, ahora las niñas destrozadas por las bombas en Gaza; antes la justificación de la invasión por las supuestas armas de destrucción masiva, ahora la justificación del lanzamiento de una ofensiva terrestre que coronaría una situación de devastación. ¿Qué podemos hacer desde esta comarca, también endurecida por años de conflicto interno, de crisis económicas profundas, de inseguridad y de resentimiento? Lo que podemos hacer es no permanecer indiferentes, y recordar con el poeta palestino Tawfiq Al-Zayad, el final de su extenso poema, que la destrucción no puede ser una venganza: “me quedaré de pie para grabar/ todo el retablo de mi drama/ y todas las etapas de la derrota/ de lo infinitamente pequeño/ a lo infinitamente grande (…) hemos alcanzado la cima de la tragedia/ la hemos alcanzado”.
(*)Artículo de Rocío Silva Santisteban... De pluma que busca ser sincera y que añora llegar a nosotros mucho más allá que leer solamente un artículo bebiendo un café al estilo de vida bonita....Estúpida creencia del establishment. Su Kolumna Okupa sale dominicalmente en la Revista Domingo del diario La República. Blog: http://kolumnaokupa.blogsome.com/

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