jueves, 29 de julio de 2010

Llegando a Piura
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El domingo por la mañana permanecí todo el día en la pensión pensando únicamente en la hora para viajar. Ordené el cuarto de allá y sólo esperé a que pasaran las horas. Tenía pasaje para las 6:30. Llega la hora y al fin salgo de la casa. Llego a la agencia Me choco con varias personas y me subo al carro. Salimos, no puedo negarlo, me siento raro. ¿Cómo será llegar a Piura? Siento que ya todo va a parar. Hablo del peso de los hombros y de la falta de ganas, de vida. Qué frío. No he dormido para nada, sólo esperaba ver a través de la ventana las primeras casas que hablan de que nos estamos acercando, a la ciudad. Tres horas después recién se ven. Quiero que haya alguien abajo esperándome. Bajo. Miro a todos lados… reclamo mi equipaje y salgo de la agencia. Piura. Nueve y media.
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Estoy ansioso. Ya estoy aquí, hace un tiempo -parecía tan lejano el día de regresar ¡Cuántas ganas tenía! Y ya estoy aquí, y me siento así. Rayos. Llego a la casa. Al tocar se demoran en abrir. Debo estar tranquilo, de hecho me siento algo avergonzado al no poder dejar de recordar los malos resultaros en la Universidad en los meses pasados. Entro saludo a mi mamá. Me pongo a comer y otra idea que es necesario curar. Contactar a Marcia, quiero verle. Estar cerca. Escucho sus palabras: dice que me espere. Ansioso, ahora le agregamos desorientación. No pensé que sucedería así… ¿qué sentir en Piura? Cólera. Diez de la noche. Al subir a mi cuarto después de tres semanas mi mamá me da una mala noticia, una tía esta enferma, papá necesitará apoyo. Buenas noches a todos. En mi cama con todos los periódicos pasados, leo todos, las revistas también. El Perú. Melcochita, Bayly, nuevos vehículos policiales, fiestas patrias. Amanece. Con Magnesol. En casa están bien. Mejor de lo que pensé. Lunes Piura la caliente al mediodía.

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