Empezó con una vieja costumbre heredada por los rockeros a lo largo de los años. Para tocar, es necesario que antes me intoxique sin parar, hasta no poder estar en pie. Hasta que el bajista me diga: “Yo creo que no es necesario estar descontrolado para expresar”. Le digo que yo creo que sí; que me gustan mucho mis drogas, y que me importa también caerme al suelo por tanto alcohol barato. Cigarrillos. Ya no puedo estar en pie… Caminatas alrededor del local para aliviar las ganas de vomitar recostado contra cualquier pared. Vomitar: esta imagen morbosa me encanta, ver salpicar de mis propios vómitos mis zapatillas dobladas, yo riendo. Por ratos sintiéndome muerto. Así hasta esperar nuestro turno…
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Las nueve. Al empezar, hubo bandas que aún sentían temor por tocar, es normal, siempre las primeras veces -a pesar de las ganas- siempre asusta el hecho de pensar cómo será la actuación allá arriba, delante de todos. Finalmente, después de discusiones entre las posibles bandas que abrirían el concierto todo empieza. Luces de colores y el local se va llenando. Punk rock. Hace mucho no venía a un concierto de estos. Hay un millón de bandas, al menos nueve. Afuera aún la gente se anima a entrar, ya llegaron esos de los que siempre entran con falta de monedas, negocian rebajar la entrada, a menos que conozcas a alguien de una banda y te haga pasar por menos precio; de eso se encarga Carnero, de ayudar a entrar a los amigos que no completan la entrada. En un rato más nosotros tocamos. Lo único que me preocupa es que en el momento de estar allá arriba (delante de todos) mi intoxicación esté hasta el punto de estallar, ya dije que quiero estar mal al empezar, y seria bueno que ahora también me lo digo yo: “Creo que no es necesario estar descontrolado para expresar".
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Hace mucho que no era cantante podrido de un grupo podrido. Veamos.
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Avanza. Todo avanza: las ganas, las bandas, las horas, las botellas, etcétera. Los asistentes están en grupos. Identifico cuatro grupos: Uno que ha venido de Chiclayo, son harta gente. Sé que en el centro está una banda: Subterrestres. Veamos. Segundo grupo: los pegados a la pared, en fila, miran a todos y no miran a nadie, posiblemente han venido por primera vez, a ver qué es ésta webá. Tercer pocotón: Al costado de los equipos, la gente de Kódigo Civil y Korrosión. Y por otro lado, el último grupo: los locales. Sentaditos casi todos en sillitas y con su propio fluorescente negro -arriba de sus cabezas- aunque no en el techo, sino en la pared. Sentaditos esperando a ver qué cosa puede causar risa. Un circulazo. . Al centro, hoy está Eskipatrax; Papo ha venido con camisita. Bonito. Yo con los brazos cruzados, doblado: ya todos sabemos que desde siempre andamos mal por acá, bah, me da igual. Al menos aún puedo caminar a la vuelta con esfuerzo, así hago las pausas y salgo del local. Recargar la dosis. Ésta vez hierba. Pienso en esa persona que quisiera que estuviese aquí conmigo, pero bah, no soportaría las drogas ni verme tirado en el suelo así, pero bueno las cosas han hecho que esté aquí solo y tengo que contentarme. Prende mierda. ¡Prende!.
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¿Pero ésa casa que está ahí, no es la casa de Alexis Eskipatrax, la que está al frente?.
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Me seco la cara y me voy. Ya es nuestro turno. Al entrar al local, el security me revisa, me ha estado mirando. Quisiera tener un ladrillo en la mano. Es genial estar descontrolado cuando lo piensas descontrolado. Subo. Me agacho al ladito de Abel que ya está alistándose para tocar. Espero un ratito escondidito detrás de los tambores y platillos. Empezamos ya. Afuera zapatillas. Afuera medias. Afuera camisetas sudadas. Al fin salgo yo. ¡Arrancamos! ¡Queremos Diversión!.
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El mundo explotó.
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...con Abel, Papo, Carnero y yo. .
para eso te quedaste hasta el domingo
ResponderEliminardeja d intoxikarte.... suena bn esa lectura :)
ResponderEliminarQue lindo que es el descontrol
ResponderEliminarGRACIAS PEDROOOOOOO !!!
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