viernes, 30 de julio de 2010

Las Palmeras

En Pimentel, 8:20 am/ 14Junio. .
“Una chispa puede hacer arder toda la pradera” .
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El ruido externo del mar. Cuando era niño, recuerdo que me sorprendía ese ruido, me dejaba hipnotizado. Ahora ni me doy cuenta que suena… Y no me doy cuenta de los silbidos de pajaritos… Debería construir casas que estén dentro de la naturaleza.
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Palmeras, flores rojas y aunque algunas marchitas, todas rojas. Sigue el sonido. Acá el mar viene de izquierda a derecha; y a tres metros sobre su nivel, caminan dando vueltas con sus coloridas cabelleras, las señoras de la casa. Van conversando con los ojos disparados. Con emoción mil grados. Yo sentado, recostado. Otro hombre -mientras tanto- corre allá en el filo de la playa. Uff! Qué frío, bueno no tanto acá, a doscientos metros de la playa. Con la mañana helada en mis brazos y en la mitad de la cara. Pajaritos cantando y garzas como estatuas. Voy sintiendo más frío helado.
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(*) Cuento que da inicio a una serie de relatos originados a través de muchos pasos dolorosos. Treintainueve.

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