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Memorias de una existencia diaria, entre ideas, sueños y alucinaciones. Palabra rebelde, música estridente.
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Inmortalizar los momentos cuando sientes que no te derrotarán. Y estaremos en la batalla aún pasado el tiempo; nuestros puños se alzarán con sentimiento, todos unidos hasta el firmamento.
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Ya no más mentira, olvidemos el pasado. Nadie va a pagar el daño que te hicieron ellxs. No descansarán hasta verte tiradx al suelo, pero el destino algo te tiene guardado. Vuelve a sentir vientos de hermandad, golpes y dolor quedarán atrás. Deberás saber que no prometerás promesas falsas que no cumplirás jamás.
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Lo primero que hice al bajarme del bus, fue caminar una cuadra para subirme a alguna combi que pasara por la Circunvalación. Eran nueve de la mañana. El clima también estaba caliente. Venía caliente desde Lima. Por todos lados la gente está que se quema, es insoportable tanto calor. Bajé donde “Gisela” y caminé pa dentro. Me cruzo con una camioneta de serenazgo. Pienso que como ya los pasé, no creo que vuelva a cruzármeles. Doblo la esquina y toda la calle de la Widda(*) está siendo refaccionada. Así que no hay pase, esto me pone tranquilo. No hay paso para autos -ni para serenazkos. Solo están los obreros poniendo cada ladrillo de la nueva pista con sus manos. Entre ellos reconozco a algunos “vagos”, “la gente”. Me hago el huevón nomás. Tranquilazo. Llevo mi mochila y una bolsa en mis manos. En la bolsa llevo muchas revistas bonitas que logré hacerlas mías en Lima. Miro la ventana, toco. ¡Tock!¡ Tock! ¡Tock!
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- Dame cinco de Hierba. – la chica entra. Junto conmigo ha llegado un señor en bicicleta. Él le dice: - Dame una de gras. Le damos el dinero, la mujer se va. Al fondo de la casa.
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El ciclista me habla:
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- ¡Qué calor viejo!
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- Ché!! Terrible. Y en todos lados ah. Voy llegando de Lima y el calor también es terrible allá. Pensé que escapaba del infierno de acá, pero ni hablar. – Reímos.
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- Es verdad. Yo hace quince días estuve por allá. Es verdad. - La mujer sale.
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- Toma, Toma.
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Le sonrío: Gracias. Me voy.
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- Ahí nos vemos –le digo al hombre yéndome. Mientras que en mi mente leo: “Ahí nos vemos…. Já y a ti como te decimos: ¿El ciclista legal? Jajá. Payaso!”
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Me voy. Qué bonito que está quedando el suelo.
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- Mooto!!!!
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(*) Marijuana
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Para las pistas, los obreros pusieron ladrillo a ladrillo, sólo con sus manos.

El domingo siempre es el día más cruel. A veces, cuando la luz del sol no sale, cuando todo se anega de una especie de charco húmedo y sucio, el domingo se convierte en un espacio tortuoso, un vacío fuera de la rutina que nos anestesia y nos salva, esa rutina laboral y semanal que nos aleja del asqueroso pantano de la depresión. Por eso mismo la depresión es dominguera. Para la depresión de verano, sobre todo, de un domingo que es 14 de febrero, no hay partidos de fútbol, ni ceremonias en la iglesia, ni sol ni cine ni playa ni juegos de los niños en el parque, ni cebiche ni pisco sour. La depresión acecha los domingos de la peor manera: por la espalda y sin chaleco antibalas.
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Y tenemos miedo. Al borde del enamoramiento, al borde del desamor, al borde del aburrimiento: tenemos miedo una vez más porque simplemente estamos al borde. El abismo. La sima. La profundidad de un cañón. Aunque la última vez se haya sufrido demasiado, tanto que una se puede preguntar sin sarcasmo: ¡¿cómo era posible?! Una vez más extendemos las manos al cielo con los ojos apretados y con pánico a que el halcón del dolor hinque su pico y lo clave en el centro, pero las extendemos porque, en América Latina así como en otras partes del orbe, muchas mujeres somos unas hambrientas de amor. No con hambre sexual, ni siquiera con desesperación ni con ansiedad de bulímica, sino con una intranquilidad interior que nos roe poco a poco.
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Y una puede llegarse a convencer de que hay seres humanos especialmente destinados a sentir el dolor: una sensibilidad especial que lo percibe todo, como una antena, para encontrar espacios de dolor en los otros y creer que se pueden volver una amenaza contra nosotros mismos. Pero eso es imposible porque el dolor es innombrable, es incomunicable, no se puede asir jamás excepto como una vibración extraña. Algo como una corriente eléctrica en la zona derecha del cerebro. Algo como un temblor en los dedos. Algo como ese sabor salado de las lágrimas.
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En el día del amor cuántas mujeres recorrerán las cicatrices que sus amores les han dejado sobre el cuerpo para recapacitar sobre sus propias vidas?, ¿en el día del amor cuántas mujeres se atreverán a decirse a sí mismas que, ese hombre, maltratador, mentiroso, sacavueltero, no es necesariamente el sapo que al besarlo se convierte en príncipe? ¡Ay qué de sapos hemos besado en nuestras vidas! ¿En el día del amor qué mujer podrá poner encima de esa necesidad de protección y de pareja la dignidad para decir basta a la agresión, basta al chantaje sexual, basta a los malos tratos psicológicos? Esa mujer, la que diga basta de una vez, la que sobre las cenizas de todo lo vivido, sobre el abismo del pánico, pueda sobrevolar con miedo sobre las puntas de sus pies, esa mujer se habrá salvado y habrá salvado a sus compañeras. En el día del amor no es posible pensar que el amor masacra, destruye, arruina, devasta, arrasa como un huaico cortando toda comunicación a su paso, porque el amor es siempre construcción y nunca tener que pedir perdón.
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Por Rocío Silva Santisteban.

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Y leyendo la columna por la tarde...
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Las Conchas Aterradas
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Por Eloy Jáuregui.
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Cuando la mañana del último martes, la China Tudela, las “pipols” de la G.C.U. y los pitucos de Eisha vieron en CNN que la “La teta asustada” era nominada para competir por el Oscar a mejor película extranjera; ¡horrible oye!, gritaron a coro: “Ajjj, cholos.
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Así no somos los peruanos”. Y mientras seguían chupando, bronceados de intransigencia y segregación, murmuraron que está bien que el cine peruano prospere. Y casi hubo aplausos, pero hay que tener cuidado con lo que se muestra de nuestro Perú sucio al resto del mundo. Otros dijeron, frente a unas conchitas a la parmesana: “como toda película costumbrista peruana, esa basura trata de gentes tristes, traumadas, seudoanalfabetas, sin un objetivo concreto en la vida más que encerrarse en su subcultura folclórica”.
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Les jode pues: el papel reciclado, el Mega Plaza, el turismo chicha en el Cusco, los intentos como la ópera prima de Claudia Llosa “Madeinusa”, que un director retrógado de un diario limeño escribiese: “pretencioso y aburrido plomazo que deja injustamente a todos los indígenas como salvajes, borrachos, cochinos, supersticiosos e incestuosos. Me desagrada ese intelectualoide morbo, estúpido y políticamente correcto, tan de moda ahora, que se tiene en escarbar los años del terror. Magaly Solier me parece una andrófoba lista para el psiquiatra por el extremo rechazo a los hombres que proclama (¿será lesbiana?) y me imagino que en el jurado pesó mucho el exotismo de una película tercermundista hablada y cantada en lengua aborigen (igual como si hubieran sido tibetanos, esquimales o bosquimanos)”. No repito el nombre de este mononeuronal por higiene.
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Yo soy cínico a la manera de G. Caín –me gusta el cine– pero jamás imaginé que una película que narra un pasaje trágico de la historia de nuestro Perú haya despertado retorcidos resentimientos. Es cierto, hay una herida que no cicatriza. Lo andino, las diferencias culturales, la visión limeña sobre la violencia política y el delgado límite entre ficción y realidad, como alguna vez leí en este diario. Pero hay una soberbia e intolerancia que no claudica. Fanatismo del que tiene plata por genes. Exclusivismo de ese peruano que ve a Miami como espejo.
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He analizado la película y sé lo que les jode. Que el tema no es cinematográfico. Que “Los Destellos” no pueden participar en el soundtrack. Que haya un cabro estilista verídico. Que los desplazados de Ayacucho por el terrorismo no sean también limeños y que Manchay tenga un paisaje más bello que ese bodrio de “líneas y punto” de la arquitectura peruana de chifa. Ojo, tía, Claudia Llosa construyó su película en base al trabajo con las mujeres que hizo la antropóloga Kimberly Theidon, en las comunidades altoandinas de Ayacucho a mediados de la década de los noventa.
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Hay dos Perús. El de los Benavides de la Quintana y los de Magaly Solier. Es decir, los pitucos y los lorchos. En el medio está una película que nos recuerda que la CVR, que el Museo de la Memoria y cuanta gestión se haga por solo curar las heridas y cicatrizar el alma dolida, es cuestión de tolerancia. Ven, abrázame. Somos hermanos.
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Rescue me // No y no
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Regresé; pero descubrí que desde antes, y sin darme cuenta, me contaminé. Sencillamente me descontrolé. El tiempo me parecía vacío y nada tenía sentido. Me limité a acomodarme las almohadas debajo de la cara y esperar que me llamaran. Sacudirme y buscar malos senderos. Yo solito, esta vez confíe. Solito caminé. Infiernos calientes de vacíos a montones. Montones de vacíos. Ni siquiera miedo he sentido. Sólo camine. Aprendí donde conseguir por ejemplo, el cloro y la weed, aunque para ello tenía que gastar barbaridades. Pero no me importaba, solo quería seguir; aunque francamente no había nada para seguir.
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Por las tardes iba a la playa; sí que estaba cerca de la casa de allá. Me sentaba a mirar y a tragar saliva; siempre rojas miradas y hermosa calma, después descubrí que eso era anestesia y no calma. Lo descubrí después de pasar varios días sin dejar la cama. Tuve que sostenerme la cara y pensar en volver…
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Vine con risas malévolas y con el descontrol cayendo por mis hombros. Y decidí seguir así, sin miradas que acompañaran. Hasta que poco a poco; hoy voy aclarando qué era exactamente lo que quería encontrar al venir hasta aquí. Y es que lo olvidé. Aún no me bajo del todo de la cama y hace meses que no vivo consciente, y es que la anestesia nunca más paró). Pero un nuevo aliento hoy es verdadero, siento que estoy amando. Y poco a poco voy redescubriendo, recordando, entendiendo desde cuando dejé de ser yo, para ser espectador. Ver mis días como en tevé, djándolos escapar. Pero lo siento, estoy anestesiado, no comprendo muy bien todo. Nada.
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•°•๑[€Lë ]๑•°• (*)...Pi <3> dice:
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*nonono ahorita me acorde de lo q me dice mi vieja. . *lee: .
. *JAJAJA .
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